• St. James & Friends

Un (Verdadero) Cuento de Hada para Simón

Updated: Jul 26


Escrito por Judith Mason para su nieto


Traducido por Gloria Peláez-Shea


Había una vez un joven principe llamado Simón. Él vivía en un gran castillo de fuertes y gruesas paredes. El papá de Simon,, quien se llamaba Nathaniel, y su mamá, quien se llamaba Jenny, sus cinco abuelos y abuelas, sus tias, tios, su perro y algunos gatos, también vivían con el en aquel castillo.


"Simón" significa "aquel quien entiende" y el principe - por joven que era - entendía muchas cosas. Sabía exactamente cuáles flores se encontrarián el jardín del castillo cada primavera y además cuando se encontrarían. Durante el verano, podía nadar bajo el agua hasta alcanzar al otro lado del estanque sin una vez tener que levantar la cabeza para respirar. Y durante las nieves invernales, cuando deslizaban sus trineos hacia abajo, siempre encontraba un camino mas oportuno que el de Nathaniel.


Pero había una cosa que no entendía. Algunas personas decián que el castillo era todo lo que existía. Algunas personas decián que nada más existía. El castillo era la uníca cosa real ya que nada existía más alla de sus paredes. Sin embargo, Simón tenía sus dudas. Sucedió que en un dia primaveral trajo el viento hacia la nariz de Simón el olorcillo de una flor que él estaba seguro nunca había crecido en el jardín del castillo. Y también una vez voló sobre la pared del castillo hacia el estanque un pájaro que aterrizó en la rama de un arbol. Entonces tan rápido como había llegado, voló hacia arriba y desapareció por el otro lado de la pared ¿De donde vino? ¿Adónde iba? ¿Por qué no quería quedarse? Cuándo Simón yacía boca arriba en la colina mirando hacia el cielo nocturno, empezó a darse cuenta que algunos grupos de estrellas erán reemplazadas por otros grupos de estrellas solo para regresar algún tiempo después. ¿Adónde se fueron cuando se desaparecieron?


Llegó el día que Simón no encontró a su abuelo, a quien le decía el GranTipo. Lo buscó por todo el castillo pero él no estaba. Su mami lloraba cuando le dijo que el abuelo GranTipo había dejado el castillo. Simón no entendía. Si nada existía mas alla de las paredes del castillo y el abuelo GranTipo habia dejado el castillo ... entonces donde ESTABA el abuelo GranTipo? Aveces le parecía sentirlo cerca pero no podía estar seguro.


Fue como un año después que su perro, Graffi, desapareció. Una vez más, como el año anterior, le dijeron a Simón que ella “habia dejado el castillo.” El lloró y lloró. De hecho lloró tanto que se quedo dormido llorando. Se despertó con la

sensación que la nariz humeda de Graffi le acariciaba su brazo. Pero cuando se levantó a encender la luz, se encontró solo en su cuarto.


Simón vivió en el castillo por mucho tiempo - muchos, muchos años. En uno de esos años su gato, Django, dejó el castillo. Y después una de sus tres abuelas. Y luego su otro gato y, eventualmente, sus otros abuelos. Mucho después sus tias y tios, y, por último, su mami y su papi también dejaron el castillo.


Simón los extrañaba muchisimo. Pensaba en ellos a menudo. Pero empezaba casi a vislumbrar donde era que podrían estar. Las paredes gruesas del castillo habían adelgazado debido a muchas fuertes lluvias y los altos vientos que habían traído todo esos años. Empezaron a desmoronarse aquí y allá. El mortero que sostenía las piedras se secó y comenzó a caerse trozos enteros a la vez. Simón presionaba sus hojos contra las grietas en la pared donde se habían desmoronado las piedras o donde se había caído el mortero. Pensó poder apenas distinguir más agua de la que se hubiera podido imaginar. Una vez estuvo seguro de haber visto a Graffi corriendo por la hierba. Y hubiera podido jurar que vió a su mami parada junto a las paredes del castillo hablando con el abuelo GranTipo.


Finalmente, llegó aquel dia en que un viento muy fuerte derribó todas las paredes del castillo. Simón estaba estupefacto. Había tanta luz! Y afuera, donde las paredes del castillo habían estado, en su lugar había un mar entero y no solo un estanque, una linea de altas montañas nevadas y no solo aquella pequeña colina

por la cual había deslizado su trineo y - mejor de todo - todas aquellas personas y cosas que él había amado.

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